Archivos para la Categoría 'Pajas Mentales'

Un buen recurso.

Volvía a mi casa en el metro, cansado y un poco harto de muchas cosas.

Un mal día lo tiene cualquiera. Pero dos seguidos es un mal asunto.

Es entonces cuando uno ha de ir con cuidado. La paciencia está bajo mínimos y uno puede acabar como Michael Douglas en “Un día de furia”.
Yo lo sabía, así que auriculares a los oídos y Nina Simone al mando.
 Pero hay veces que por mucho que uno quiera… res de res. Ley de Murphy o caprichos del destino. Sabotaje externo y tu voluntad al garete.

Y es que solo una parada después se me plantan en mi campo visual dos mozos, llamémosles modernos, con los pantalones por debajo del culo y sus putos boxers gritándonos a todos los presentes: “estamos aquí! estamos aquí!”.

Me cagüen la puta!

Lo siento, pero es que nunca he acabado de entender, ni de aceptar, esa moda. Mutación muy mal entendida, tanto estética como conceptualmente, de la cultura presidiária yankee. Es superior a mis fuerzas. Y no me mal interpreten, yo soy una persona muy abierta y transigente, entiendo que en la moda todo vale y que cada uno se apunta a lo que le de da la santa gana. Continuamente necesitamos identificarnos con “algo” en un mundo tan… publicitario.
Pero… ¿esto?
¿Dónde está el confort?¿Donde reside el atractivo?¿Cual es la protesta? ”Ey! Paso de todo!” Pero no pasa un minuto que han de recolocarse toda esa compleja estructura que depende de un equilibrio tan precario.

Los cinturones, bien apretados, que luchan para sostenerse sobre los sufridos huevos y sus ridículos culitos empujando en la dirección contraria. Y mientras, los insulsos boxers, orgullosos de tanto protagonismo, todavía se crecen más cuando los dueños de tal esperpento todavía empujan un poquito más, si cabe, el cinturón hacia abajo por detrás y, acto seguido, lo compensan subiéndolo un poquito por delante.

Horroroso para mi vista. Y terrible para mis nervios.

Pero…!

…Existe un recurso cinematográfico bastante sencillo y muy interesante. Atención!

Cojo mi iPod y sustituyo a Nina Simone por… pongamos… The Subways y su “Rock & Roll Queen”. Le doy al play. Subo el volumen a tope. Me lo vuelvo a guardar en el bolsillo. Cojo aire. Me acerco a los dos mozos y sin mediar palabra les descargo toda mi ira a base de ostias. Los dos sujetos, para cuando se dan cuenta ya están en el suelo sangrando atónitos y oyendo como les digo (pero sin dejar de escuchar a The Subways): “Subíos los pantalones de una puta vez! Ridículos!”

Entonces termina “Rock & Roll Queen” y yo me encuentro apoyado en el mismo sitio de antes. Ellos también. No ha pasado nada. Todo ha sido producto de mi imaginación.

Sí, es un buen recurso. Yo ya me siento más tranquilo. Desahogado.

Sueños

michael_jackson

Cuando yo era pequeño tenía un buen puñado de sueños. La gran mayoría eran solo eso, sueños, fantasías imposibles. Tonterías de crio.
Por ejemplo: soñaba con ser Michael Jackson, pero no una copia, o un digno sucesor de él. No.
Quería ser él!
Había quedado fascinado por el personaje. Escuchaba una y otra vez su disco “Thriller”, y me quedaba embobado viendo sus videoclips.
En cambio, paradojas de la vida, Michael Jackson no quería ser Michael Jackson.
Claro que a diferencia de mi, Michael se lo tomo más serio. Muy en serio.
Tanto que, poco a poco, consiguió ir cumpliendo su sueño y dejó de ser Michael Jackson.

Años después, mientras Michael desarrollaba su metamorfosis, yo fui modificando mis sueños. Algunos continuaban siendo igual de imposibles, pero otros ya no lo eran tanto. Por ejemplo: Quería ser mayor.
Este era un deseo totalmente plausible, si no fuera por mi impaciencia, ya que quería ser mayor de inmediato. No me apetecía para nada recorrer ese largo camino de la pubertad. Quería tener los 20 o 25 años, a ser posible, la mañana siguiente.
Sobra decir que aunque logré mi objetivo no lo hice en el tiempo deseado.

Últimamente, cuando me da por recordar la edad que tengo, me asalta un nuevo sueño: volver a la adolescencia. Esa misma que, en su día, quise pasar de puntillas.

Quizá Michael, también ahora, quiera volver a ser Michael Jackson.

¿Que sería de nosotros sin los sueños?

El barman feliz.

El Gintonic perfecto se toma en un buen copón, tipo Burgundy, con mucho hielo. Una ginebra seca que puede ser Giró (para hacer país) acompañada de una tónica Fever-Tree. Un poquito de limón exprimido, natural, nada de mariconadas tipo Pulco, y el toque final: un twist de limón, que antes de introducirlo en la copa lo frotaremos por su borde.
El primero de la noche, después de cenar, es sencillamente glorioso. El segundo es para recrearse. Pero ya no hay que buscar un tercero. La tónica nos empalagará y arruinaremos la agradable sensación de los dos primeros. Momento en el que será mejor pasarse a otro combinado, o a un infalible whisky con hielo.
Yo estaba disfrutando del primero mientras esperaba a mi amigo Pablo, aunque a falta de una Fever-Tree, el camarero utilizó una Schweppes. No pasa nada. El resto estaba perfecto.
- ¿Está a su gusto? – me pregunto retóricamente el aplicado barman al ver como disfrutaba de los primeros sorbos y jugaba empujando suavemente algunos hielos con el índice mientras contemplaba como ascendían más burbujitas.
- Muy bueno.- respondí.
El hombre, que debía rondar los cuarenta, no se movió del sitio y continuó secando unas copas que estaban más que secas y relucientes, mirándome como a la espera de un juicio algo más extenso, o simplemente en busca de conversación. Pero yo, lo único que deseaba era disfrutar del gintonic mientras esperaba a Pablo.
- Excelente. – me extendí tras un nuevo sorbo, esperando que eso fuera ya suficiente.
A lo que él asintió con ligeros balanceos de su cabeza y una sutil sonrisa de satisfacción. Pero sin moverse del sitio y secando más copas secas.
Miré a mi alrededor, en busca de nada y tratando de ahuyentar al persistente barman. En el pequeño local solo habían dos clientes más sentados en la otra punta de la barra. Eran dos puretas: uno rubio y otro moreno, que me resultaron familiares pero que era incapaz de ubicar. Nadie más. Poca luz y John Coltrane de fondo.
Le di otro buen sorbo al refrescante gintonic y le ofrecí, resignado, una leve sonrisa al barman que continuaba frente a mi.
- Buena música. – me rendí. A lo que añadí “se está bien aquí.”
- ¿Es la primera vez que viene?
- No. Aunque hacía tiempo que no venía.
- Bueno, yo llevo apenas dos meses trabajando aquí, pero estoy encantado. – a lo que remató con un exagerado “Aquí soy feliz.”
- Aha. – es lo único que se me ocurrió.
- ¿Sabe? Yo antes era diseñador gráfico. Dieciséis años en un mismo estudio! Me ganaba bien la vida. Un buen piso. Casado. Todo aparentemente perfecto. Nada más lejos de la realidad. – hizo una pausa para colocar en su sitio la última copa ultrarreluciente y dejar el trapo sobre la barra. – Nos separamos. Bueno, ella me pidió el divorcio. Yo me quedé hecho polvo. Y entonces me di cuenta de que mi vida era totalmente insulsa. Yo no disfrutaba realmente con el trabajo y además me sentía muy solo. – otra pausa – En el fondo creo que esa separación ha sido lo mejor que me podía haber pasado. Porque me hizo abrir los ojos y venir a parar aquí.
- Aha – “Este tío está fatal” pensé.
- Gano menos dinero, pero aquí disfruto con mi trabajo. La elaboración de un cóctel es todo un arte, incluso el de un simple gintonic. Me encanta! Además conozco a gente de todo tipo y… – se inclinó como quien pretende hacer una confesión – no paro de ligar.- confesión que acompañó de una pícara sonrisa. – Hecho que me ha permitido darme cuenta que mi mujer era todavía más insulsa que yo.
- Ya. El poder de la barra.
- Correcto. Porque como puede observar, yo no es que sea un tipo muy agradecido físicamente – no lo era en absoluto – pero es increíble lo que hace una barra.
- Sí, ya se a lo que te refieres. Yo fui unos cuantos años camarero en una discoteca.
- ¿A sí? Pues en una discoteca debía ser un no parar ¿no? ¿Y porque lo dejó?
- No me trates de usted, por favor. Bueno lo cierto es que a mi no me gustaba tanto el trabajo como a ti, aunque he de reconocer que tenía sus ventajas. De hecho allí conocí a mi media naranja.
- Enhorabuena! ¿Casados?
- Bueno, ya no estamos juntos. Se acabó.
- Vaya. – respondió un tanto confuso – Lo siento. Seguro que entonces no era su media naranja. ¿Y ahora a que se dedica? Perdón ¿A que te dedicas?
- Curiosamente trabajo en un estudio, de diseñador gráfico. Al revés que tú.
- ¿En serio?! Que curioso ¿No?
- Sí. – cansado de la conversación. Aunque, en el fondo, igual de sorprendido.
- ¿Y eres feliz?
- Creo que no tanto como tú. Pero el trabajo me gusta, si es a lo que te refieres.
- Bueno, eso está bien. – aunque si hubiese dicho “te compadezco” habría sonado igual.
Afortunadamente, en ese punto hizo aparición Pablo y tras pedirle al barman su gintonic comenzamos a charlar, librándome por fin del extrañamente feliz barman, que se desplazó discretamente hacia donde se hallaban los dos puretas al ver que no lo hacíamos partícipe de nuestra conversación.
Tras el segundo gintonic y mientras Pablo me comentaba las miserias de la noche barcelonesa, yo no podía sacarme de encima la extraña sensación que me había provocado la conversación con el intrometido barman. “Que coño sabrá este de la felicidad” pensé indignado.

Starsky y Hutch

starskyhutch

- Starsky.
- Dime Hutch.
- ¿Te has preguntado alguna vez porque hay tanta violencia y odio en este mundo?
- ¿Por qué está lleno de sicópatas, Hutch?
- Sí…pero ¿por qué hay tanto sicópata, Starsky?
- Suéltalo ya Hutch… ¿Por qué este mundo es una basura?
- Por culpa del sexo.
- Venga ya Hutch! No me jodas!
- Espera y escucha. El sexo… o mejor dicho, la represión sexual es la causa de todos los males. Y sino piénsalo bien Starsky ¿qué busca la gente?¿que es lo que más desea? “Dinero” me dirás tú, o… “poder”, o… “ser una estrella del baloncesto”… Pero ¿para que Starsky?… Para follar! Para poder tener sexo. Mucho y bueno, a ser posible.
- Ya. Y ¿no has pensado que al Papa de Roma a lo mejor el sexo no le dice nada?¿O a todas esas monjitas de buena fé? Y no me vengas con que son todos unos reprimidos.
- Pues sí, no me negarás que hay mucho reprimido y reprimida. Pero aún así te aceptaré que hay gente que es feliz sin practicar sexo. Pero eso es porque no lo han probado Starsky… no han probado el auténtico sexo, el bueno, el que te hace ver las estrellas! Si el Papa, suponiendo que es un tío legal y no un reprimido, hubiera echado un par de polvos como Dios manda antes de hacer carrera en la Iglesia, ya te aseguro yo que se hubiera buscado otro curro.
- Pfff… Ok. Digamos que tienes razón. Vamos todos a follar y salvemos el mundo. Pero dime ¿cómo coño le convenzo yo… por ejemplo… a la morena que sale ahora de esa tienda a que eche un polvo conmigo? O mejor dicho, por mucho que yo este de acuerdo contigo, ¿porque iba yo a tener que follar con el tipo ese que esta cruzando la calle ahora mismo, en el caso de que el quisiera montárselo conmigo? ¿eh?
- Bien Starsky!! Acabas de dar en el clavo. Ahí está el meollo de la cuestión!
- …
- ¿Conoces a algún dictador que sea gay o lesbiana? O ¿cuántos asesinos gays hay? Poquísimos… Sí, Starsky, no me mires así. Los gay, ojo! los no reprimidos, son gente feliz. Y ¿por qué? Porque no paran de follar. Porque no se andan con tonterias. En cambio ¿qué pasa con los heteros? Pues que o eres Brat Pitt o te lo tienes que currar mucho. Y ¿por qué ? Pues porque les han dicho durante tanto tiempo a las tías que si follan con muchos tíos son unas putas, y así nos va a todos!
- Joder Hutch! ¿Cuánto hace que no echas un polvo?
- … mucho.
- Venga anímate, que cuando acabemos el turno te llevo de putas.

Nick Cave. Un tipo con clase

En la noche no todos los gatos son pardos, pero durante esta, existe una irresistible tentación generalizada a confundir al prójimo con un abanico de poses, actitudes y disfraces más propios de un videoclip. Actitudes, poses y pelajes ausentes durante los usos y costumbres diurnos de los mismos protagonistas. ¿Será cosa del alcohol?
¿O será la ausencia de alcohol la culpable de una inhibición diurna generalizada?
¿Serán las mascaras y las poses forzadas más diurnas que nocturnas?
Puede que un mundo de alcohólicos fuera lo más cercano a un mundo perfecto… un mundo sin tapujos, ni censuras… libres de hipocresía. Eso sí, el aumento exponencial de accidentes de tráfico sería el precio a pagar, pero que coño, siempre hay daños colaterales, ¿no?

Afortunadamente existen tipos que día y noche, con o sin alcohol, son igual de auténticos y además tienen clase. Nick es un ejemplo.

Me tomaré un whisky a su salud!

Bailando en el Karma.

Una noche más en el Karma. Bebiendo y bailando a partes iguales.
A mi lado un grupo de inglesas, algunas verdaderamente guapas, también bailan y beben a partes iguales.
Sé que son inglesas porque en general combinan su vestuario desafiando las leyes del color y la física… y bailan al ritmo de una canción que solo ellas oyen.
Entonces, yo, que sigo bailando y bebiendo, me las miro con una mezcla de deseo animal y curiosidad antropológica. ¿Cómo puede ser que de tal cuna musical surjan unas féminas tan arrítmicas?
Dejo la pista de baile y encaro los urinarios. Una vez allí, mientras meo dibujando lo que podría ser una estrella de David infinita, el tipo que se encuentra a mi lado me espeta:
- Me gusta tu estilo!
Entonces me lo miro y… ¡ostia puta!
- ¿James Brown?!!…. ¿pero tú no estabas muerto?
- JAJAJA… – ríe el cabrón, mostrándome su dentadura perfecta y emitiendo un sonido más propio de un animal.
Por unos instantes yo me acojono ante tal exhibición canibaloide. Pero en cuanto recuerdo ante quien me encuentro, un calambre de emoción estremece mi espina dorsal.
- Joder, James!… eres el puto amo! ¿Qué coño haces aquí?!
- JAJAJA… – continua el animal.
- Oye, ¿sabes lo que me encantaría?
- Dime chaval.
- Que te marcaras uno de tus bailes!
- JAJAJA… ONE, TWO, THREE, UUAAAAIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIAUUU!!!!
Sin duda era él. James Brown bailando para mi en el lavabo del puto Karma. Impresionante.
Entonces me percato de un detalle.
- Oye James, te veo muy bien… en plena forma….muy joven.
- Escucha chaval, dejémonos de ostias… yo soy Dios.
- Lo se, James. Para mi eres el puto amo.
- No, imbécil! Que no soy James Brown. Que soy Dios, el Todopoderoso.
- …
- Ya se que tu no crees en mi. Pero es que no tienes fe… ni te pasas por la iglesia. ¿Cómo te voy a hacer caso?… Pero bueno, en contra de lo que piensan muchos, entre ellos tú, yo soy un tipo majo. Y el otro día me fije en ti…. y me caes bien. Y he venido a darte unos consejillos.
- Pero ¿qué me estas contando?
- Mira Borja…
- Joder, James, sabes mi nombre!
- Que no soy James, imbécil. Que ese negro está muerto! Yo soy Dios!!
- Bffff…. Oye ¿vamos a tomarnos unos chupitos?
- Vaaamos.
De camino a la barra, me cuenta que solo yo lo puedo ver como James Brown, que el resto lo percibe como un vulgar cliente. Lo cual me jode, porque por una vez que voy acompañado de un personaje de tal calibre…
- Dos chupitos de Jack Daniels!
Entonces se me acerca mi amigo Pablo por el otro lado y me dice:
- Patxi! ¿dónde coño estabas? Llevo buscándote una hora… tenemos que largarnos de aquí. Vengo del futuro y tienes que recuperar a Blanca cuanto antes y casarte con ella… ya te lo explicaré mejor por el camino… si no lo conseguimos, el mundo entrará en una tercera guerra mundial que lo arrasará todo! Todos a tomar por culo.
- Bffff…. Ponme tres chupitos más.
Y tal como nos tomamos los chupitos, tras el pertinente brindis, les doy esquinazo a Pablo y a James Brown ( o Dios, o quien coño fuera ) y enfilo la escalera como puedo para huir de semejante despropósito.

Camino de casa, reflexiono sobre lo que me ha sucedido y pienso que algo así solo puede pasarme en el Karma. Aunque seguramente, mañana no recordaré casi nada.
Lastima, porque lo de Blanca me gustaba.

El futuro huele a chamusquina.

El futuro está a la vuelta de la esquina, si es que no hemos llegado ya.
Kubrick nos lo pintó en el 2001, Marty McFly lo visitó con su De Lorean en el 2015 y los Replicantes se hartaron de él en el 2019.

Así que, o mucho cambian las cosas en los próximos años, o el futuro es esto.

Y lo cierto es que, aunque los coches siguen sin levantarse un palmo del suelo, ya podemos hacer videoconferencias, volar por cuatro duros, clonar ovejas y meternos por el culo una nanocámara.
Avances ha habido.
Pero lo cierto es que, allá por los 80, muchos esperábamos un poquito más del futuro y aunque a mí nunca me gustó esa coletilla de “tiempos pasados fueron mejores”, quizá deba comenzar a recular.

Sin ir más lejos hoy me ha llegado vía correo (el de toda la vida) una mala noticia propia de este puto futuro: “facturón del 15, más recargos, e inscripción gratuita en una base de datos de morosos” por una conexión a Internet que di de baja porque no funcionaba. En concreto el módem USB portátil de Vodafone (Aviso para navegantes: El aparatejo es una basura. Si tienes un Mac no para de darte problemas y encima la velocidad de conexión es ridícula, por mucho que ellos te vendan lo contrario).

Volviendo al Pasado vs. Futuro, cuando antes comprabas algo que no funcionaba, ibas a la tienda, le explicabas la situación al dependiente de turno, y en el peor de los casos, si el dependiente se ponía farruco, llamabas al encargado/jefe/o-a-su-puta-madre, pero de allí salías con un producto nuevo, o en su defecto la pasta.
Pero ahora ¿qué pasa? Pues pasa que al jefe no lo ves ni en fotos, ni a él, ni al dependiente, ni a su puta madre. Ahora tienes que hablar por teléfono con una maquina que parece subnormal, luego con 20 tíos que te hacen las mismas preguntas 20 veces y, mientras, tienes que ir escuchando 20 veces un hilo “musical” que te destroza los nervios y acaba con la poca paciencia que te queda.
Todo para que en algunos casos, como fue el mío, no solo no te solucionen el problema, sino que encima te digan que todo está perfecto… y a joderse. Porque si me doy de baja encima pago multa, por no haber llegado al año que prometi. HIJOS DE PUTA.

Como pille una maquina del tiempo, me vuelvo al pasado. Y encima a lo mejor puedo ver un concierto de Bob Marley.

Remember

Fue durante una noche de primavera, un miércoles o un jueves sin importancia, como otros tantos que nosotros convertíamos con facilidad en pedacitos de Historia. Sentados junto a la amplia ventana del Ribborn, charlábamos entretenidos y nos tomábamos unas copas como dos buenos amigos, pero siendo inevitablemente algo más que eso. Entonces, cuando la media noche había quedado tan atrás como nuestras cautelas, nuestras bocas, enfriadas por el hielo e impulsadas por el alcohol que sedaba nuestra conciencia, se buscaron en un beso que se prolongó hasta que la vista se nos nubló… y por un instante llegamos a perder literalmente el sentido.  Labios y lenguas recordaron lo que habían sido los unos para los otros, y nuestros cuerpos decidieron celebrarlo dejándonos solos a los dos; perplejos y felices tras una sensación tan embriagadora.

Hubo pasión, deseo y puede que hasta amor en ambas direcciones; pero sobre todo hubo conexión. Conexión de dos personas que se conocían más de lo que imaginaban y de dos cuerpos que se entendían mejor que sus propios dueños.

Sí, existen. Besos que te pueden hacer perder el sentido. Que marean de intensidad y armonía. Suena cursi, pero que ostías, cuando uno siente algo así es difícil no caer en la ñoñería.

Pocas semanas después, esa noche pasaría, junto a otros tantos pedacitos compartidos (buenos y malos), a formar parte de una historia que olía más a leyenda que a otra cosa.

“Los dos sabíamos que tarde o temprano las cosas se pondrían en su sitio” me dijo.

Lo peor es que yo no podía reprocharle nada.

Aunque a mi no me gustara nada esa nueva ubicación de las cosas.

Que tiempos aquellos!

En estos días en los que no puedo dejar de mirar al pasado con melancolía enfermiza, no esta de más que le ponga un poco de humor al asunto.

Ojalá tuviera una memoria como la de esos míticos spectrum y pudiera dejar de castigarme con ciertos recuerdos. Vaya veranito que me espera!

Siempre me quedará Muchachada Nui.

Puto amor!

El amor es la droga más peligrosa que he probado en mi vida.
Un día hace que te sientas el hombre más afortunado del planeta.
Y otro te hunde en la más absoluta de las miserias.

Pero quieres repetir.


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