Barcelona cuenta, desde hace una semana, con un gran hombre menos: Pablo Erdozain Bandrés.
Patxi, como a mi me gusta llamarle por su sangre navarra y su amor incondicional por el Athletic, ha volado a tierras británicas, cansado de la ciudad condal y en busca de una nueva etapa que yo le auguro, y deseo, triunfal y feliz.
No es de extrañar, Barcelona pide mucho y da poco. Pero esa es otra historia.
La marcha de Pablo, además de dejarme huérfano para las farras nocturnas de barra y gintonic, cierra definitivamente una etapa que comenzamos juntos hará unos seis años y que ha sido inolvidable: la de Las Suecas, nuestro nombre de batalla para pinchar juntos rock, garaje, funk, soul… en antros y no tan antros como el Fellini, el Be Good, el Sidecar, o el Minusa entre otros.
Fue bonito mientras duró.
Pero como siempre sucede, cuando una etapa se acaba comienza otra y Pablo ya tiene en marcha un nuevo proyecto, esta vez en solitario, del que muy pronto os contaré y que seguro dará que hablar.
Y es que si en esta vida alguien me ha enseñado de música ese ha sido, sin duda, Pablo (y no será por escasez de melómanos a mi alrededor). Pero esa también es otra historia.
El caso es que en Londres van a poder disfrutar, de aquí en adelante, de un gran tipo. Un tipo legal de pies a cabeza, quizá el más legal que haya conocido en mi vida. Un romántico empedernido. Elegante como pocos. Y con un par de cojones, por que sino ¿como se puede ir a vivir a Londres sin tener ni puta idea de inglés?, bueno, con el inglés que sabemos la mayoría de españoles.
Good luck my friend!!




