No importaba hacia dónde mirase, en todas partes había asuntos sin resolver y preguntas sin respuesta. Siempre había imaginado que, al morirse, había un último instante en que todo se aclaraba: los asuntos se resolvían, las preguntas encontraban respuesta, las cosas perdidas aparecían, y uno pensaba “Oh, claro, ya lo entiendo” y entonces quedaba libre para sumirse en la oscuridad, o en la luz. Pero no había ocurrido así cuando él murió (…), así que quizá eso no pasara nunca. Todo continuaría siendo un misterio. Lo cual, bien mirado, significaba que uno debería tratar de aclarar todo lo que pudiera mientras siguiera vivo.
Fragmento de “Esperando noticias” de Kate Atkinson.
